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Por Iñaki Gil de San Vicente

Las Filipinas, lo mismo que Cuba y Puerto Rico, nos han sido confiadas por la Providencia. ¿Cómo iba a sustraerse el país a semejante deber…? Las Filipinas son nuestras para siempre. Inmediatamente detrás se encuentran los mercados ilimitados de China. Nosotros no renunciaremos ni a lo uno ni a lo otro.
William Mac-Kinley, 25º Presidente de EEUU 1897- 1901

En estricta confidencia, agradecería casi cualquier guerra, pues creo que este país necesita una.
Teodoro Roosevelt, 1897. 26º Presidente de EEUU 1901-1909

Aunque cada vez menos, todavía quedan en Nuestramérica organizaciones, colectivos y grupos, además de personas individuales, que sintiéndose revolucionarias, no terminan de comprender qué importancia tiene la derrota de la OTAN en su guerra contra Rusia para la libertad de sus pueblos trabajadores, y par Sur Global es decir en los continentes sometidos a la explotación y algo más lentamente en sectores de la clase obrera en los países imperialistas.

Podemos entender al instante qué está en juego en la defensa rusa ante el permanente ataque imperialista si miramos la ensangrentada historia de Nuestramérica y del resto de continentes desde el instante mismo de la invasión europea. Los pueblos originarios apenas tardaron tiempo en comprender que los europeos iban en pos de riquezas, de oro, que torturaban y mataban fría y masivamente con tal de enriquecerse cuanto antes. Sin embargo, como veremos, la nueva oligarquía rusa tenía esperanzas en ser admitida como la hermana pobre de la burguesía imperialista. Una parte de ella sigue intentándolo, otra aprendió a golpes que su sueño era imposible y reorientó totalmente su proyecto nacional. ¿Por qué esa diferencia, admitiendo que sí hubo algunos caciques que colaboraron con los invasores por dinero y/o para liberarse de la explotación sin saber que caerían en otra mucho más salvaje e implacable? Luego responderemos.

El exterminio europeo empezó por el Caribe y se extendió como el cáncer hacia el oeste, el sur y el norte, y fue acompañado casi desde el principio por el saqueo humano del África esclavizada, el peor de los expolios, el de la vida. De hecho, el primer barco de esclavos llegó a Portugal medio siglo antes que la invasión del Caribe. La vampirización de África y Nuestramérica fue, por tanto, un proceso unitario en sí
mismo pero con diferencias de ritmo e intensidad propias de los casos particulares y singulares, de sus contextos geográficos, de sus resistencias y, en especial, de sus divisiones sociales internas y hasta de su lucha de clases propia. Volvemos a encontrarnos con la lucha de clases interna a los pueblos.

La memoria político-militar aprendida mal que bien e inserta siquiera en gruesas líneas en la cultura popular de las masas trabajadoras de estos continentes, les avisa de algún modo que el enemigo histórico inconciliable era el colonialismo y es el imperialismo. Esa memoria alimentada por las tenaces resistencias a la opresión y por los sufrimientos que ello ha acarreado y acarrea, pero también por las victorias logradas, es la que ahora les avisa de que deben apoyar de algún modo al pueblo obrero ruso que resiste al mismo enemigo. Es tarea central de las fuerzas revolucionarias hacer que esa memoria más o menos borrosa se transforme en lúcida y radical conciencia teórica que refuerce, con un internacionalismo antiimperialista, su lucha de clases contra las burguesías fascistas y reaccionarias que apoyan desesperadamente al imperialismo en cualquiera de sus agresiones y brutalidades, incluida la actual contra Rusia.

Son incontables las resistencias desesperadas de clases, pueblos y Estados de ambos continentes, por limitarnos ahora a ellos, al colonialismo e imperialismo, que tienen una innegable conexión esencial con luchas actuales. Por ejemplo, ¿qué decir de Argelia desde 1830 hasta ahora cuando todo indica que el imperialismo está preparando otra guerra para exterminarla? ¿Y la nación mapuche, que no se doblegó ante el Inca precolombino y que no se doblega ante el pelele Boric? ¿Acaso ignoramos que
aumentan las resistencias con otros métodos de las sobrevivientes naciones indias en lo que ahora es Norteamérica y Canadá? ¿Y el fulgor de Abya Yala y el brillo inocultable de ese Haití único?

Sabemos de la continuidad de fondo de la resistencia de Venezuela al invasor desde antes incluso de Guaicaipuro, luego del territorio liberado por el Negro Miguel, pasando por Bolívar hasta ahora. ¿Y Cuba que se puso en pie al muy poco de la invasión española? ¿Nos hemos olvidado de los antecedentes de Sandino? La lista es casi inagotable, y más si la ampliamos a otros continentes. ¿Y los maoríes y otros pueblos de Nueva Papúa? Las generaciones de Corea y de Vietnam, o de China, por ejemplo,
tienen mucho que enseñarnos.

Centrándonos en Nuestramérica, la tenaz guerra de resistencia nacional del pueblo paraguayo entre 1864-1870 contra Brasil, Uruguay y Argentina, para, a las órdenes del colonialismo británico, aniquilar las peligrosas conquistas sociales y democráticas logradas desde 1813, y quedarse con sus riquezas, tierras e industrias que eran la envidia de Gran Bretaña y de las burguesías colaboracionistas con ella. Recordemos que desde 1813 Paraguay fue ejemplo de avanzados derechos populares y de planificación socioeconómica y militar que, en sí mismos, servían como fuerzas de concienciación democrático-radical a las explotadas y explotados de los Estados circundantes.

Era un muy codiciado botín para los invasores y, a la vez, una amenaza para su poder ya que las clases trabajadoras podían aprender del Paraguay y copiar su modelo anticolonialista y antirracista. Tras una tenaz y heroica resistencia en la que su pueblo sacrificó una parte considerable de su población, su país fue saqueado, amputado, empobrecido, sus derechos y libertades aniquiladas: Se calcula que murieron en la defensa de sus derechos más del 90% de los hombres y alrededor del 65% de la población. Paraguay fue condenada a un atroz retroceso que sigue encadenándola hoy en día en beneficio del imperialismo.

Por tanto ¿debe sorprendernos la sostenida heroicidad demostrada por la amplia población rusa en la Ucrania del centro-sur que ya se enfrentó en 1918 a la alianza entre las clases dominantes, el ejército alemán y bandas criminales que practicaban el terror blanco contra la revolución bolchevique? ¿Debe sorprendernos que esa misma población nutriera las guerrillas soviéticas que desde 1941 luchando contra el III Reich y los ucronazis de entonces, famosos por sus atrocidades? ¿Nos sorprende que ella fuera después la de más arraigada conciencia socialista de todo el país, la que empezó a resistir pacíficamente a las fuerzas ucronazis desde el comienzo de la década de 2010, la que se puso inmediatamente en pie cuando el golpe de Estado de 2014 auspiciado por EEUU, la que se organizó en Repúblicas Populares para resistir el terrorismo de la OTAN, y la que ha decidido masivamente reintegrarse en Rusia?

Desde el surgimiento de la propiedad privada, las clases dominantes han tenido cuatro grandes métodos para enriquecerse y aumentar su poder: 9.1) explotar duramente a sus clases trabajadoras, masivamente campesinas; 9.2.) Saquear y explotar a otros pueblos, sobre todo esclavizándolos o imponiéndoles onerosos tributos; 9.3.) Arrasar los recursos naturales de sus países y de otros, sobre todo de pastos y tierras de cultivo; y 9.4.) Pelearse entre ellas para, al estilo de Caín, robarse unas a otras. Durante los milenios en los que la propiedad privada ha ido destruyendo la propiedad comunal hasta
hoy en día, y en la actualidad, las violencias y las guerras injustas, las invasiones para esclavizar pueblos y saquear sus recursos y bienes comunales, empezando por sus mujeres e infantes, han jugado y juegan un papel central.

Pero desde que empezó a imponerse la propiedad burguesa y el capitalismo en la Europa de los siglos XV-XVI, con el inicial colonialismo, se desarrollaron al menos cuatro métodos nuevos: 10.1.) El capitalismo se diferencia de todos los modos de producción anteriores porque gira alrededor de la máxima plusvalía, lo que exige explotar lo máximo posible a la clase trabajadora y a la naturaleza. 10.2.) Esto le obliga a desarrollar la ciencia y la técnica para aumentar la explotación intensiva, la productividad del trabajo, aumentar la cantidad y velocidad del comercio; 10.3.) Esto hace que sus contradicciones esenciales y leyes tendenciales provoquen crisis de sobreproducción y sobreacumulación de las que solo puede recuperarse destruyendo violentamente fuerzas productivas sobrantes. 10.4.) Lo que también hace que las violencias y las guerras tengan además de un papel mucho más importante, también adquirieran un poder destructivo impensable en las sociedades anteriores.

En realidad, las ansias expansionistas de la Europa occidental a costa de los pueblos eslavos de la Europa del este y de Rusia provienen de muy antiguo, por el simple hecho de que era la vía de saqueo y enriquecimiento más fácil porque al oeste está el Atlántico, al norte los helados países nórdicos y los hielos permanentes, y al sur el Mediterráneo que dificultaba mucho la explotación de África al menos hasta la mejora de los barcos desde el siglo XV en adelante, sobre todo de la artillería y armas de tiro rápido y especialmente de la química y de la medicina contra las enfermedades tropicales. Antes de estos avances, solo quedaba avanzar masacrando al este: no es casualidad que el término de “eslavo” sea la base del término “esclavo” inventado por el imperio romano en su avance exterminador hacia el este.

La historia del Vaticano y del catolicismo estuvo y está detrás de sus permanentes intentos de aniquilar el cristianismo ortodoxo bizantino, eslavo y ruso, para someterlos a los Estados católicos: la criminal Orden Teutónica creada a finales del siglo XII se lanzó con odio a esclavizar a los eslavos: su insignia era la Cruz Teutónica, la misma de los prusianos y de los nazis, y la misma que ahora llevan los tanques, vehículos y banderas de la OTAN en Ucrania contra las repúblicas del Donbass y Rusia. La persecución religiosa por el régimen ucronazi y la nacionalización reaccionaria de la ortodoxia ucraniana como arma contra Rusia parten de esta experiencia. La fracasada invasión de Rusia por Napoleón en 1812 fue el último intento de la Europa pre industrializada para derrotarla y explotarla. La rusofobia actual viene, por tanto, de lejos, y la represión del cristianismo ortodoxo de obediencia moscovita que realizan los ucronazis tiene su antecedente inmediato en la inhumanidad del III Reich y mediato y lejano en el
imperialismo del Vaticano.

No es casualidad que fuera en 1864 cuando la industrializada Gran Bretaña moviera los hilos para iniciar el aniquilamiento del Paraguay, como tampoco lo es el que en esos años Francia, Alemania y Gran Bretaña, tuvieran muy claro que debían debilitar lo más posible al imperio ruso para imponerle condiciones leoninas en los negocios y relaciones económicas y geopolíticas. La primera Gran Depresión, de 1873 a 1900 exacerbó todas las contradicciones. Bismarck el «canciller de hierro» alemán de finales del siglo XIX afirmaba que para debilitar a Rusia había que quitarle Ucrania, la mayor parte de la cual siempre había sido rusa. En 1904 Gran Bretaña afirmó que el dominio del mundo pasaba por el dominio de Rusia y Eurasia, y en ese 1904 pactó con Japón ataques a Rusia en Extremo Oriente, como sucedería en 1905: las agresiones japonesas a la URSS en 1923, 1931 y 1939 “coincidieron” con intereses británicos. La destrucción de la URSS era imprescindible para culminar la destrucción de China que Gran Bretaña llevaba años intentando, sobre todo desde las Guerras del Opio entre 1839 y 1860, y que se intensificarían con la salvaje represión de la resistencia nacional popular de los boxers en 1899-1901. Una China derrotada facilitaría la destrucción de Rusia y viceversa.

En 1914, tres años antes de la revolución bolchevique, EEUU elaboró un plan para trocear Rusia –balcanizarla– en al menos 12 regiones dominadas por el imperialismo y los colaboracionistas rusos. EEUU también quería apoderarse de Asia: bombardeó puertos de Japón en 1856, atacó a Corea en 1871, participó en la escabechina de los boxers y, por no extendernos, durante el salto del siglo el presidente Mac-Kinley declaró que «la Providencia» –dios– había decidido confiarle a EEUU la explotación
de los «mercados ilimitados» de China, como hemos visto en el inicio de este texto.

En 1918, justo al terminar la IGM, 14 ejércitos imperialistas invadieron la joven y agotada URSS, además de imponerle un cerco de «sanciones» destinado a matarla de hambre, agresión que ha continuado aumentando hasta hoy mismo: Rusia es el país más atacado del mundo. En 1922, once años antes de llegar al poder, Hitler visitó la embajada norteamericana en Berlín y en 1925 escribió en Mein Kampf su plan de destrucción de la URSS. La segunda Gran Depresión del capitalismo, la de 1929, confirmó a los yanquis que Hitler era imprescindible contra la URSS y EEUU le apoyó abiertamente hasta 1941 y sus empresas y bancos mantuvieron negocios con el nazismo a pesar de la guerra. Era tal la confianza mutua, que F. Halder, jefe del Alto Estado Mayor alemán, pasó a EEUU el plan contra la URSS medio año antes de la invasión en junio de 1941.

Los aliados burgueses deseaban que Alemania destrozara a la URSS o la debilitase tanto como para aplastarla después ellos. Solo cuando en 1943 al hundirse el fascismo en Italia y al ver que Alemania tenía perdida la guerra empezaron a pensar cómo impedir que el Ejército Rojo liberara toda Europa asestando un duro golpe al capitalismo. El avance de la URSS y la fuerza creciente de las guerrillas comunistas en la Europa ocupada por los nazis les forzó a realizar el desembarco en Francia en junio de 1944, y al poco idear el Plan Impensable destinado a iniciar otra guerra contra la URSS utilizando las bombas atómicas, por lo que en 1945 llevaron a Dinamarca las diez mejores divisiones nazis rendidas. Mientras tanto, bombardearon Dresde e Hiroshima y Nagasaki en 1945 no por razones militares, sino para amenazar a la URSS. Japón se rindió no por miedo a otras bombas nucleares sino porque su burguesía y su emperador tenían pánico al arrollador avance del Ejército Rojo en China y en las islas japonesas del norte.

En 1945 el imperialismo empezó a armar a grupos nazis en la Europa liberada por el Ejército Rojo. La OTAN, creada en 1949, seis años antes que el Pacto de Varsovia en 1955, multiplicó ese rearme. Los nazis ucranianos, fueron especialmente cuidados por la OTAN que también integró en sus altos mandos operativos a muchos militares, policías y agentes nazis que conocían las formas de luchar del Ejército Rojo: la casi totalidad de jueces, fiscales y burócratas nazis mantuvieron sus puestos, y la burguesía alemana e italiana nazi-fascista jamás fue perseguida, como apenas lo fueron los colaboracionistas con la ocupación nazi-fascista en Europa porque eran imprescindibles para la lucha contra el socialismo. El Vaticano y las iglesias protestantes, colaboracionistas a tope, también fueron respetados por su anticomunismo.

Además de las «sanciones» cada vez más numerosas a la URSS y a los Estados de su bloque, la OTAN implementó una sistemática amenaza militar basada en la provocación de conflictos reaccionarios internos que sirvieran de apoyo a una invasión militar en la que las bombas nucleares jugarían un papel decisivo por su masividad contra las ciudades más industriales y pobladas de la URSS, planes que se empezaron a concretar en la segunda mitad de la década de 1940 para llegar a ser aterradores en la de
los ’50. La respuesta soviética fue la estrategia de la «destrucción mutua asegurada», es decir, que la URSS no iba a aceptar una guerra nuclear limitada a Eurasia, sino que, en respuesta al primer bombazo atómico imperialista atacaría directamente a EEUU, Gran Bretaña y Francia, las potencias nucleares del momento, amenaza que paró en seco los ataques nucleares de la OTAN.

La derrota del imperialismo en Corea en 1950-1953 llevó a que el Pentágono barajase atacarla nuclearmente y por extensión a China Popular y a la URSS, brutalidad que no se materializó. En 1962, la OTAN instaló misiles nucleares en Turquía, la URSS respondió llevando misiles a Cuba. Tras la negociación, la URSS los retiró de Cuba pero la OTAN los mantuvo en Turquía. En 1972 EEUU pensó en aplastar nuclearmente a Vietnam para compensar su derrota militar, pero tampoco se atrevió a hacerlo. En 1973 Israel quiso lanzar bombas atómicas contra países árabes porque estaba perdiendo la guerra del Yon Kippur, pero la URSS lo impidió haciendo volar un MIG 25 sobre Tel Aviv ante la impotencia de los mejores aviones sionistas. En 1977, Brzezinski, consejero áulico, propuso la destrucción de 25.000 centros urbanos e industriales soviéticos aunque murieran 110 millones de personas, así como arrancar Ucrania de la URSS por su importante papel en la Unión. En 1983 la reina Isabel de Inglaterra gravó
un discurso televisado anunciando el ataque nuclear a la URSS.

Viendo los fracasos de su doctrina militar, el imperialismo decidió ampliarla con una segunda fase en la llamada «guerra fría» desde el comienzo de los ’80 sobre todo con armas nucleares tácticas de corto y medio alcance situadas en Europa occidental. A la vez, aumentó los ataques económicos, para provocar tensiones internas aprovechando los problemas que empezaban a agudizarse en la URSS por razones que no podemos exponer ahora. Una mezcla de promesas y mentiras sobre el desarme y supuestas ayudas económicas, debilitaban la ya burocratizada mentalidad de las cúpulas de la URSS. Mientras que fortalecían a los sectores antisoviéticos, sobre todo ucranianos y polacos, también prometían y juraban que la OTAN nunca se acercaría a las fronteras del bloque soviético, hasta que la nueva burguesía rusa que se estaba creando desde hacía algo más de una década tomó el poder.

En los primeros años posteriores a 1991 la nueva burguesía rusa –oligarquía– se plegó a todas las exigencias imperialistas que casi destrozan la base industrial del país, sus laboratorios, bancos y recursos, sus fuerzas militares y, también, su muy justo sistema de sanidad, educación, pensiones y jubilaciones, salario social, derechos concretos, etcétera. La salud pública se hundió, cayó el promedio de vida, el empobrecimiento se disparó y apareció el hambre, mientras que una parte de la oligarquía se enriqueció hasta la increíble y en vez de reinvertir sus sobreganancias en la destrozada economía rusa las llevó a los bancos imperialistas. La chulería norteamericana llegó a la soberbia: quiso comprar zonas de Siberia a precio de ganga, y hacer que buena parte de las operaciones financieras estuvieran controladas de algún modo desde Walt Street.

A comienzos de 1992 el Pentágono elaboró en secreto el plan estratégico hasta 1999 conocido como Doctrina Wolfowitz: una vez destruida la URSS, EEUU debía impedir por todos los medios posibles –por todos– la aparición de otra potencia o alianza de potencias que le hicieran sombra. El poder de EEUU debía ser incontestable: la OTAN destrozó Yugoslavia y en mayo de 1999 un sofisticado cohete yanqui destruyó la embajada de China en Belgrado: un aviso de lo que se avecinaba. Ese año, el presidente Clinton dijo que tras balcanizar Yugoslavia había que romper Rusia. En 2002 EEUU abandonó el acuerdo de control de armas, y desde 2004-05 intensificó la penetración en el Este, pese a que Rusia advirtió al menos cinco veces de que no siguiera provocando y menos aún en Ucrania.

Bajo tales golpes la oligarquía rusa empezó romperse internamente entre, dicho en general, dos grandes bloques: quienes estaban decididos a obedecer al imperialismo y quienes le exigían un trato de igual a igual pero dentro de Occidente. Putin representaba este segundo bloque y sus primeros años se caracterizaron por cinco líneas: 23.1.) Acercarse a China y otros países. 23.2.) Debilitar a los proimperialistas y reducir la corrupción. 23.3.) Acabar con la pobreza y recuperar la economía. 23.4.) Insistir en las relaciones con Occidente y en la entrada en la OTAN. 23.5.) Modernizar el ejército.
Logró todos los objetivos excepto el cuarto porque el imperialismo endureció las presiones y amenazas hasta el punto en el que Putin hizo las famosas declaraciones de 2007 que son el inicio del cambio de giro definitivo desde 2015, al parar los pies al imperialismo en su brutal ataque a Siria.

En 2007 estalló la tercera Gran Depresión del capitalismo. Para salir lo mejor posible de las de 1873 y 1929, el capital desencadenó dos guerras mundiales. La tercera Gran Depresión es de una gravedad cualitativamente desconocida hasta el presente comparada con las dos anteriores, por lo que el imperialismo necesita aplicar una violencia cualitativamente desconocida hasta ahora. Ucrania es uno de los puntos de ataque de la nueva violencia del capital, siendo Taiwán, Japón, Corea del sur, Australia,
etc., otro decisivo en Asia; Israel, Siria, Irán, Turquía, Arabia Saudí, Palestina, etc., otro en Oriente Medio; Argelia, Sáhara, Sudán, Centro África, Sudáfrica, etc., en el continente africano; ¿y qué decir de Nuestramérica? Responderemos a esta pregunta al final.

En 2007, sin la URSS con China Popular por entonces aún débil, con Irán, Venezuela, Cuba, etc., sometidas a cercos implacables, el imperialismo se frotaba las manos creyendo que podría iniciar todas las guerras «pequeñas» o regionales que quisiera porque no tenía enemigo fuerte alguno. Por ejemplo, empezó a presionar muy duramente a Ucrania para que rompiera los profundos lazos históricos, culturales, lingüísticos, económicos… con Rusia para entregarse en manos de la OTAN. A la vez y
entre otras muchas barbaridades, en 2011 la OTAN atacó a Libia y a Siria para impedir que rompieran con el petrodólar y se acercaran a China. El distanciamiento entre Rusia y Occidente se acrecentó por ello impulsada también por la presentación por China en 2013 de la Nueva Ruta de la Seda, por lo que en 2014 Putin intensificó las reformas vistas arriba.

El imperialismo se percató al instante de lo peligroso que era el giro ruso hacia Eurasia porque podría ser un ejemplo para otros pueblos del mundo, como está sucediendo una década después, al extenderse la multipolaridad que debilita el poder yanqui. Hasta 2014 el gobierno ucraniano, democráticamente elegido, quería mantener y reforzar las históricas relaciones con Rusia ya que la lengua, cultura e identidad de la población del Donbass y mucha del centro de Ucrania es rusa, y sólo la parte más occidental es antirusa, reaccionaria y frecuentemente pronazi. Una Ucrania amiga económica y culturalmente de Rusia, y sobre todo neutral en lo militar, era inaceptable para EEUU y por eso dio el golpe de Estado ese mismo 2014, en el que las fuerzas nazis fueron decisivas.

Desde entonces la dictadura ucronazi ha asesinado a más de 14.000 personas, hiriendo a centenares de miles de las repúblicas populares del Donbass, obligando a casi tres millones a refugiarse en Rusia; los derechos básicos están prohibidos; las organizaciones y partidos de izquierda están ilegalizadas; la lengua y cultura rusa está prohibida; se ha reconocido oficialmente a los criminales ucronazis de la IIGM y se emplean emblemas del III Reich… El terrorismo ucronazi contra la población rusa se ha intensificado desde que la guerra defensiva de inicios de 2022.

El imperialismo necesita apoderarse de Rusia y las zonas adyacentes: según el Banco Mundial, el 30% de los recursos del planeta se encuentran en la inmensa Rusia. Las tierras negras de Ucrania producen el 28% del trigo mundial, cantidad que aumenta al incluir zonas muy fértiles de Bielorrusia y Rusia. Además, aplastar a Rusia supone acabar con la única fuerza militar que, por ahora, puede derrotar al imperialismo, y a partir de aquí, supone poder cercar a China Popular en toda su inmensa frontera, como hemos visto. En 2021 Putin dio una rueda de prensa en la que advertía que Rusia resistiría a la desesperada para que no le arrancaran Siberia.

Poco antes Biden había expuesto la doctrina de los «Estados irresponsables»: los que son incapaces de utilizar sus recursos según lo decide EEUU, por lo que deben ser controlados o destruidos. Se trata de una actualización de la campaña yanqui iniciada hace dos décadas, con mapas incluidos, para justificar que la Amazonía pasara a control de la ONU y no de sus pueblos y Estados, es decir, a control de las multinacionales y de los ejércitos imperialistas. Otros territorios están siendo integrados en los mapas que muestran los «Estados irresponsables», sobre todo Rusia. Los mapas tienen la función de educar desde la infancia a las poblaciones para que, ya alienadas, asesinen y se dejen matar en las guerras imperialistas para saquear esos territorios.

La OTAN necesitaba tiempo para crear un ejército ucronazi capaz de vencer a Rusia, y por eso firmó los acuerdos de Minsk II en 2015, pero en 2023 altos políticos imperialistas reconocieron que era una trampa para ganar tiempo. El abril de 2022, a los dos meses del inicio de la guerra, Ucrania y Rusia firmaron un acuerdo de paz con el aval de Turquía: Rusia cumplió lo firmado retirando su ejército que estaba a las puertas de Kiev, pero Ucrania lo incumplió del todo, con el apoyo absoluto del imperialismo.
Con los acuerdos de paz de Minsk II de 2015, Rusia intervino en defensa de Siria a petición de su gobierno democráticamente elegido poco antes de que EEUU la bombardease con no menos de 200 misiles. Rusia habló también con Irán y con otros Estados sobre este punto porque significaba el inicio de una nueva fase. A finales de 2021 Rusia sabía que la OTAN ya tenía preparado la destrucción de las repúblicas populares del Donbass, paso necesario para llevar los misiles nucleares y las tropas a la
misma frontera de Rusia, y por eso se adelantó con una guerra defensiva, como había hecho en 2015 en Siria.

Ucrania cumple al menos siete objetivos necesarios para el imperialismo: 31.1.) Instalar misiles nucleares que en alrededor de 300 segundos desintegren Moscú, Minsk y otras ciudades importantes, y que sirva de base de ataque posterior a Rusia. 31.2.) Calibrar la resistencia militar y unidad política de la burguesía rusa para mantener una guerra, y también de China, la verdadera enemiga. 31.3.) Demostrar a la Unión Europea quien manda realmente, sobre todo en lo decisivo: energía, finanzas, armas,
tecnociencia, o sea que el amo es y será EEUU. 31.4.) Fortalecer internacionalmente a reaccionarios y fascistas fieles a Washington porque pueden ser decisivos según se agudice la crisis mundial, tanto en la represión del proletariado interno, como ya está sucediendo con el aumento de la represión en Europa occidental, como en las guerras injustas contra otros países. 31.5.) Experimentar las nuevas armas de la industria del terror y la muerte, aumentando sus ventas en un contexto de aguda crisis económica,
beneficiando también a las empresas de mercenarios. 31.6.) Recuperar algo la popularidad del senil Biden en EEUU, y preparar a su ejército y a la OTAN para guerras posteriores. 31.7.) Advertir palmariamente a los « Estados irresponsables» que no se envalentonen, sean precavidos y tengan miedo.

La síntesis de todo ello es que para salir de la tercera Gran Depresión, el capital occidental no sólo ha de acabar con Rusia, China, Irán, Venezuela, Cuba, etc., sino a la vez y sobre todo dentro de un futuro previsible liquidar de raíz la tendencia imparable por ahora al crecimiento de la multipolaridad, de sus proyectos alternativos, sus nuevas monedas y regulaciones financieras, sus propuestas para reformar en profundidad las instituciones mundiales y/o crear otras nuevas, los BRICS, etcétera. Ucrania es por tanto
uno de los frentes de la guerra social mundial que se está librando, que se endurecerá con otras guerras concretas hasta saltar a ser una guerra total entre el imperialismo y el nuevo orden internacional que se está formando a pesar de sus limitaciones y contradicciones internas por ahora secundarias. La OTAN sabe que la oligarquía rusa proimperialista, anti-Putin en todos los sentidos y sobre todo anticomunista, es un arma clave para su victoria al provocar una guerra civil en Rusia.

Por estas razones y otras menores que conciernen a los intereses de Estados como Polonia, Rumania, etc., que ansían quedarse con territorio ucraniano, el imperialismo va a intentar mantener la guerra contra Rusia hasta que muera el último ucraniano y millares de mercenarios nazis. Sobre todo sabe que las cuatro razones alegadas por Rusia para su guerra defensiva suponen un duro golpe para Occidente: 33.1.) La desnazificación significa cortar de raíz el poder represivo criminal en Ucrania pero también debilitarlo estructuralmente en la UE y en la OTAN, en un contexto de crisis y de agudización de la lucha de clases. 33.2.) Este golpe al capital se vuelve más duro con la desmilitarización, que no sólo implica la salida de la OTAN de Ucrania sino la prohibición de armas, lo que permitirá a Rusia trasladar sus tropas a otros frentes. 33.3.) El reconocimiento de los derechos nacionales del Donbass, ya logrado, lo que supone un esperanzador ejemplo para otros pueblos. 33.4.) La definitiva reintegración de Crimea en Rusia, lo que garantiza que el Mar de Azov esté libre de la OTAN y que el Mar Negro pueda ser defendido por Rusia mucho más eficazmente.

Si una a una de estas medidas supone un golpe para el imperialismo, todas ellas en su conjunto, sinérgicamente, son inaceptables a no ser que su derrota sea tal, y a no ser que la lucha de clases interna en la UE y en EEUU llegue a ser tan peligrosa para el capital que, a la desesperada, intente negociarlas o tenga que aceptarlas para evitar males mayores. Todas ellas aumentan la conciencia obrera y popular en el mundo al ver que poderosas fuerzas socioeconómicas, político-militares y culturales luchan por ellas
directa e indirectamente: hay que derrotar al nazifascismo, acabar con la OTAN, reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos, y avanzar en la desmilitarización de la Tierra. El capital tiene pánico al potencial revolucionario de estas reivindicaciones elementales y por eso las silencia, reprime y combate con las armas de la OTAN y del ucronazismo, más aun teniendo en cuenta lo que hemos dicho
en el punto 32).

También una parte de la burguesía rusa les tiene pánico y por eso quiere derribar a Putin y negociar una rendición con el imperialismo, imponiendo el peor sistema de explotación posible, una dictadura tutelada por la OTAN. Esta parte está totalmente integrada en las ramas más corruptas del capitalismo occidental, y sabe que no tiene futuro alguno si avanza la multipolaridad y, peor, si en esta se imponen las líneas progresistas radicales, por no hablar de las socialistas que pueden reforzarse hasta avanzar a una perspectiva comunista: Una vez más, todo depende de la lucha de clases. El motín de la Wagner debe inscribirse como parte las provocaciones imperialistas para, con una dictadura en Rusia, amedrentar a China y otros Estados para que se rindan y echen marcha atrás en la multipolaridad, y en lo que podría seguirle.

Otra parte, la representada por Putin, sabe que sin esas reivindicaciones difícilmente ganará la guerra defensiva porque el pueblo obrero ruso puede pensar que es una guerra exclusivamente burguesa, y no de defensa nacional-popular contra la OTAN en la que se juega la existencia de Rusia. Sabe también que sin ellas no debilitará estructuralmente a EEUU, la UE y la OTAN, pero sobre todo que no tendrá apenas apoyo de los pueblos trabajadores del mundo y del proletariado ruso. Aquí juega un decisivo papel la dialéctica de unidad y lucha de contrarios que también existe en el sentimiento nacional genérico.

La burguesía que apoya a Putin acepta sacrificios para salvar su proyecto nacional propio ya que sabe que Occidente quiere balcanizar y destruir Rusia. La historia es aplastante en este sentido. El contradictorio sentimiento nacional de sectores amplios de la burguesía rusa le lleva a un inestable equilibrio a múltiples bandas que no podemos analizar aquí. El gobierno de Putin es un ejemplo de ello y, por tanto, de sus méritos incuestionables si lo comparamos con cualquier gobierno burgués. El imperialismo necesita romper ese equilibrio endureciendo la guerra económica, las provocaciones y el
terrorismo para provocar la caída de Putin y la rendición de Rusia si es que no fuera su proletariado el que tomara en sus manos la defensa de la independencia socialista rusa, reforzando a la vez las tendencias socialistas en la multipolaridad y el internacionalismo antiimperialista.

Por tanto, el proletariado y los pueblos de Rusia necesitan ganar la guerra porque saben que la derrota será una catástrofe mucho peor que la sufrida tras la implosión de la URSS y de la que aún están recuperándose. Saben que los ucronazis reforzarán a los nazis rusos y a la oligarquía más salvaje imponiendo la más dura dictadura de las grandes empresas transnacionales. Los sectores antiimperialistas e internacionalistas del pueblo obrero ruso saben que su modelo de nación trabajadora federada rusa defiende con su vida en los campos de batalla los derechos socialistas de todas las naciones obreras del mundo. Para el proletariado ruso el ejemplo de China Popular, Vietnam, Cuba, Argelia, Venezuela, Irán, Corea, Siria y otros muchos pueblos son enormemente valiosos. Saben que el bello amanecer de la multipolaridad a pesar de sus tensiones internas, de la ampliación espectacular de los BRICS, del tsunami de alianzas y acuerdos internacionales al margen del imperialismo o contra él, etc., debe mucho al inicio de la guerra defensiva rusa contra la OTAN, y que esa tendencia mundial es
difícilmente reversible si no es a costa de una atroz guerra mundial, puede impulsar el avance al socialismo.

Las repercusiones de todo esto sobre Nuestramérica son obvias. EEUU ve con pavor cómo los pueblos del llamado Sur Global simpatizan con Rusia, y cómo en Nuestramérica las únicas mejoras cualitativas en las condiciones de vida se han logrado mediante luchas revolucionarias en las que la presencia de la URSS, distante o cercana, ha sido decisiva. Además de los ejércitos contrarrevolucionarios en Nuestramérica, la presencia directa e indirecta del ejército yanqui es masiva y va en aumento, pero
también la de la OTAN que puede saltar de Colombia a otros Estados según las circunstancias, por no hablar de la presencias de las fuerzas especializadas «civiles» y militares de la entidad sionista, así como la de otros muchos servicios secretos y aparatos de inteligencia. Existe un mando centralizado de todas ellas: el Pentágono.

Ahora mismo, las burguesías sumisas a EEUU endurecen sus ataques a Rusia, a China y a la multipolaridad, conscientes de que los pueblos tienden a asumir como propias las cuatro razones de la guerra defensiva. Pero los gobiernos progresistas comprenden que esa multipolaridad, que la resistencia rusa, que la creciente debilidad de EEUU y que la redoblada ofensiva del euroimperialismo para reconquistar en la medida de lo posible Nuestramérica, reforzando así la presencia de EEUU, les ponen
entre la espada y la pared: o contra el imperialismo o con el imperialismo, porque se van reduciendo los márgenes de la falsa e imposible equidistancia neutralista.

Por tanto, las fuerzas revolucionarias, las organizaciones populares insertas en el pueblo en lucha, han de optar por la solidaridad antiimperialista con Rusia y con China, asumiendo como propios sus objetivos minando el poder de sus burguesías aliadas con la OTAN en el propio país; o por el contrario, se convierten en peones colaboracionistas de EEUU aunque lo ignoren en un primer momento. El conocimiento actual ya no permite esa ignorancia inmoral; ahora se pueden y se deben conocer las verdaderas razones de la crueldad yanqui en Ucrania y también en Nuestramérica. Si la ignorancia
siempre ha sido reaccionaria, ahora es inhumana. Debemos saber, debatir y decidir por qué apoyamos a la humanidad explotada en sus múltiples y crecientes luchas contra la explotación, siendo la de Ucrania muy importante pero no la única.

Hemos empezado recordando la masacre terrorífica que sufrió el pueblo paraguayo en la segunda mitad del siglo XIX, porque se negó a arrodillarse ante el colonialismo casi hasta su exterminio. Vemos que existe una línea roja interna que conecta aquel heroísmo admirable con los combates antiimperialistas actuales en Ucrania y cada vez más en el mundo entero. Aunque parezca increíble, de la heroicidad paraguaya a la heroicidad de las repúblicas populares del Donbass, por ceñirnos a nuestro tema, va
tomando fuerza moral y material, teórica y práctica la capacidad de lucha de los pueblos explotados y muy en especial, la capacidad teórica de proyectar un mundo cualitativamente mejor, realmente factible, es decir, que puede y debe llevarse a la práctica. Debemos semejante avance también a la heroicidad del pueblo de Paraguay, que nos enseñó con su sangre que la única batalla perdida irremisiblemente es la que nunca se empieza.

Nota: texto elaborado para una serie de debates sobre el contexto mundial que se
realizan en Nuestramérica.


EUSKAL HERRIA 1 de julio de 2023

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