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Por Xavier Villar

Para los musulmanes, en particular para los chiés, el mes de Muharram es uno de los períodos más intensos del calendario islámico.

Durante este mes, musulmanes de todas las procedencias participan en una serie de rituales que conmemoran el martirio de Husein ibn ‘Ali, el nieto del profeta Muhammad (que la rahma de Allah sea con ellos), y sus compañeros en la Batalla de Karbala en el año 680 d.C. Esta batalla fue la culminación violenta de una lucha política entre la familia del Profeta y el Califato Omeya. La muerte del Imam Husein (P) se conmemora en el día de Ashura, el décimo día del mes de Muharram.

Las principales ceremonias de Ashura consisten en expresiones públicas de duelo. Una de las manifestaciones más comunes de este duelo es el taaziyeh. Este término denota expresiones de «simpatía», «duelo» y «consuelo», y puede entenderse como un drama islámico que, a través de representaciones, recitaciones poéticas y canciones, recuerda el sufrimiento y el martirio del Imam Husein (P) en las llanuras de Karbala.

Si bien la parte ritualista del Muharram es importante, no debe olvidarse la lectura política del mismo. A pesar de ser un suceso histórico, se puede decir que el martirio del Imam Husein (P) funciona como un paradigma ontológico de la lucha entre la opresión y el sufrimiento provocado por la misma. 

La división entre opresores y oprimidos, entre el mostakberin y el mostazafin en lenguaje coránico, es la división ontológica islámica del mundo. Al mismo tiempo, es una división política que sirve para distinguir de manera pública entre amigos y enemigos. Los enemigos están caracterizados por la ausencia total de justicia, lo que los convierte en antitéticos a cualquier tipo de articulación política basada en el Islam. A este respecto, es importante recordar que en el capítulo del Corán titulado Al-Qasas, se hace una opción preferencial por el mostazafin en términos inequívocos. Esta opción preferencial por los oprimidos se refleja en la identificación de Allah con el mostazafin.

En términos onto-políticos, se puede decir que los sucesos de Karbala representan un episodio más de la lucha constante contra la categoría de taghut. Taghut, que proviene del verbo árabe tagha, significa dominar o traspasar los límites. El Corán advierte en repetidas ocasiones contra aquellos que «traspasan las fronteras de la justicia mediante el dominio y la opresión de otros».

También es en el Corán donde se encuentra la historia de Moisés y el Farón, en la cual este último deja de ser el nombre de un individuo para convertirse en una referencia simbólica a toda dominación que viola los preceptos de la equidad.

El paradigma de Karbala, por tanto, representa la lucha constante en términos políticos contra la opresión, la ausencia de justicia y la dominación. Además, se puede establecer una conexión entre el Imam Husein (P), el mostazafin y la necesidad de articular una respuesta que permita una manera de estar en el mundo distinta a la hegemónica. Por su parte, esta manera de estar en el mundo hegemónica se relaciona, a su vez, con Yazid, el responsable de la muerte del Imam Husein (P), con el mostakberin, con la figura arquetípica del Faraón, con la categoría de taghut y, finalmente, con la dominación epistemológica característica de Occidente.

Durante los sucesos el 5 de junio de 1963 en calendario gregoriano-, el Imam Jomeini empleó este mismo paradigma político-ontológico al comparar al Shá con Yazid. 

El 15 de Khordad fue el paso previo y necesario para la revolución islámica de 1979. En términos políticos, se puede considerar como el momento inicial en el que la crítica anti-occidental de Khomeini logró abrir el espacio político en Irán. La sublevación provocada por dicho movimiento se convirtió en la mayor amenaza que había enfrentado la dinastía Pahlavi desde Mossadegh, y fue la primera vez que el kemalismo, el nombre que recibe el discurso occidental en Muslimistán, se vio amenazado por una respuesta política articulada en el lenguaje del Islam, a diferencia de Mossadegh, cuya articulación se mantenía dentro de los parámetros ideológicos occidentales.

La utilización política por parte de Jomeini del paradigma de Karbala vuelve a aparecer en un discurso de 1979, meses antes del retorno a Irán. En este discurso, titulado “El Cuadragésimo Día Después de Ashura”, Jomeini establece un vínculo entre los mártires de la Revolución Islámica y los mártires de Karbala. En palabras del propio Imam: “Es como si la sangre de nuestros mártires fuera la continuación de la sangre de los mártires de Karbala, y como si la conmemoración de nuestros hermanos fuera el eco de la conmemoración de aquellos valientes que cayeron en Karbala. Así como su sangre pura puso fin al gobierno tiránico de Yazid, la sangre de nuestros mártires ha hecho añicos la monarquía tiránica de los Pahlavi”.

Este discurso ejemplifica, por un lado, la importancia de Karbala, el martirio del Imam Husein (P) y el Muharram, como arquetipos políticos de la lucha constante contra la opresión. Por otro lado, pone de manifiesto la genealogía islámica de esa misma lucha. Esta lucha, como ya se ha apuntado, está relacionada de manera particular con la resistencia a la opresión y de manera general está centrada en la búsqueda constante de justicia.

El empleo por parte del Imam Jomeini y de sus seguidores del paradigma de Karbala pone de manifiesto la actualidad y continuidad de esa división ontológica entre oprimidos y opresores, anteriormente mencionada.

Esta articulación política centrada alrededor del paradigma Karbala se explica por el rechazo explícito de Jomeini al concepto de intizar -que se puede traducir como quietismo-, el cual suponía que todo gobierno es ilegítimo en ausencia del duodécimo Imán, pero que en todo caso cualquier gobierno es mejor que su ausencia. Contra esta tradición paralizante es contra la que Jomeini se rebela, dejando claro que en ausencia del Mahdi, los musulmanes deberían esforzarse en vivir bajo un gobierno islámico. La práctica política de Jomeini modifica la idea sobre intizar, que pasa de ser una espera pasiva por el regreso del Imam, a un esfuerzo activo (político) que prepare el camino para dicho retorno.

A este respecto, hay que recordar que Jomeini consiguió re-politizar el mensaje del paradigma de Karbala para centrar la lucha contra la injusticia del mostakberin en este mundo, lo que hace que su pensamiento deba ser analizado desde una perspectiva política y no, o no exclusivamente, de manera teológica. 

En conclusión, la frase empleada por los islamistas durante la Revolución de 1979, «cada lugar debería convertirse en Karbala, cada mes en Muharram y cada día en Ashura«, se erige como un poderoso recordatorio de la imperante relevancia política del paradigma de Karbala y subraya, además, la incesante búsqueda de justicia que este simboliza. También es importante señalar a este respecto, la relevancia del mostazafin como actor político, tanto en 5 de junio de 1963 como en la Revolución Islámica, y su conexión con la lucha por la justicia representada por el Imam Husein (P).

Xavier Villar es Ph.D. en Estudios Islámicos e investigador que reparte su tiempo entre España e Irán.

Fuente: hispantv.com

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